
Cuando los ahora ‘baby boomers’ éramos niños, la televisión era fácil. En Puerto Rico, llegabas de la escuela, te ponías cómodo y te pegabas a la intrusa caja llamada televisor para ver los muñequitos del Tío Nobel o de Pacheco. Te servían la comida, la cual comías acostado en el piso, boca abajo y seguías viendo TV hasta que te enviaban a bañar y acostar. Sean honestos, ¿cuántos hicieron los ejercicios musicales del Tío Nobel? Donde hoy posicionan a La Comay y las novelas, era el ’slot’ dedicado a Tom & Jerry, al Corre Caminos y un buen corillo de Warner Brothers/Looney Tunes. Los sábados y domingos eran maratónicos. Nos levantábamos antes que nuestros padres para poder disfrutar tantos muñequitos como nos era permitido. Era un encuentro entre la animación celuloide y nuestros cerebros sub-desarrollados. No había tanta variedad como ahora, pero sí más inocencia.
Mis favoritos fueron y serán siempre “Los Picapiedras”. Nunca me he cansado de ellos. Aún hoy disfruto de cualquier capítulo que pueda alcanzar a ver. En aquél entonces, los 60s, veía cada episodio de Los Picapiedras varias veces en el año. No porque teníamos algún método de grabación, (no existían), sino porque el canal lo repetía, cual machina de fiestas patronales. Conocía cada capítulo mejor que las materias escolares. Sabía lo que Pedro Picapiedra le iba a contestar a Pablo Mármol, y cuándo Dino le iba a saltar encima a Pedro. Parecía conocer a cada persona que aparecía en los créditos. Perderme un episodio era consolado con la idea de que ya lo había visto.
Más tarde en la noche, la única televisión que podía disfrutar era la que mis padres miraban. En realidad era mi madre la que tenía el control. No el control remoto, (tampoco existían), sino el control absoluto que se sobre imponía desde aquel sillón. Era Mirta Silva con su cabeza cubierta de toda suerte de paños, la cara caricaturesca de Don Rafael Quiñones Vidal, el pronóstico del tiempo con el “espanglish” de McDowell en el set de cartón con radares dibujados. (Hoy, Roberto Cortés los tiene dibujados también, pero mucho más sofisticados). Era la televisión de Paquito Cordero y Luis Vigoreaux, padre; el noticiero de 15 minutos con Evelio Otero y Carlos Rubén Ortiz, los que presentaban noticias que eran grabadas en fílmico; era la televisión de disfrutar con tu padre las películas de guerra, mientras él te explicaba cómo mató 8 chinos en la guerra de Corea cuando los chinos no pelearon en la guerra de Corea; era aquella televisión que tenía que ser interrumpida para ir a la tiendita de al lado, “El Pocito Dulce”, para comprar un litro de leche, el litro de cristal. Una vez, la tiendita había cerrado. Vecinos al fin, teníamos el privilegio de ir a la casa, que era al otro lado de nuestra casa. Yo, por no perderme el programa que estaba viendo, corrí a comprar el preciado jugo de vaca. Abrazando el litro, corrí de vuelta, tropezándome y cayendo sobre la botella, que ya había tocado el piso primero que yo. Fui afortunado porque sólo me di una buena cortada en el antebrazo derecho. Mami lo curó con alcoholado Superior 70 y cantidades industriales de Vicks.
La televisión siempre ha tenido esa magia. Nos ilusiona, nos envicia, nos enamora. No hay un medio de comunicación con el poder de la televisión. Hoy en día existe el video en más partes y en más formatos de los que pudiéramos digerir en toda nuestra existencia. La adoramos en la caja, en el plasma colgado de la pared, en el celular, en el iPod®, en el mismo ‘loop’ de los monitores de Burger King que repiten los mismos videos sin misericordia. Es nuestra venerable televisión. La que nos ha cuidado mientras mami hace el ‘laundry’ y papi va a hacer compra. Fue mi gran amor de pequeño, me vió crecer y luego me ha aceptado ser partícipe de su hegemonía. Hoy ha aceptado tantas cosas que han salido de mi cerebro…que me siento inmensamente honrado.
Este es el primer ‘blog’ de este nuevo site de una nueva empresa de televisión llamada Digital Ozmoziz. Continuaremos escribiendo toda la experiencia que llegue a nuestras neuronas acerca de nuestro venerable y adorado intruso doméstico. En Puerto Rico y en la gran mayoría de los países hispanos, el deporte nacional no es el balompié ni el sexo, sino la televisión. Nuestro tag line reza, Think.Share.Create (Piense.Comparte.Crea). Para compartir, ustedes son más que bienvenidos a participar con sus ideas y a aportar sus experiencias.
Gracias por visitarnos. Regresen por más. No hemos determinado la frecuencia de nuestros blogs. Pero dado que nos encanta escribir, será pronto.
El Staff de Digital Ozmoziz